El objetivo de la reforma, según Wert, es combatir las cifras de fracaso escolar en España, que doblan la media europea según los datos de la OCDE. Con este objetivo, la reforma propone cambios importantes, tanto a nivel estructural como en lo referente a los contenidos.
Algunos de los puntos claves de la reforma son los siguientes:
- un año más de bachillerato: la propuesta es mantener la escolaridad obligatoria hasta los 16 años, pero, el alumnado con resultados académicos insuficientes puede derivarse a los 15 años hacia las ramas de formación profesional de grado medio, y el alumnado con buenos resultados puede decantarse por el itinerario de bachillerato un año antes. La comunidad educativa y los partidos de la oposición ven esta medida como un retroceso pedagógico,afirmando que hace tambalear los principios de escuela comprensiva e inclusiva que se pretendía con la escolarización secundaria obligatoria.
- Eliminación de la asignatura de educación para la ciudadanía, sustituyéndola por educación cívica y constitucional.
- Clarificación de las competencias entre comunidades autónomas. El Estado pasará a fijar el 65% de los contenidos educativos de las comunidades que tengan lengua cooficial, y el 75% en el resto. Al final de cada etapa se pasará el mismo examen a todo el alumnado del Estado español para evaluar sus resultados. En secundaria, habrá que superarla para poder obtener la titulación.
- Potenciación de las materias instrumentales en detrimento de asignaturas como conocimientos del medio, en primaria, que desaparecería, o filosofía en secundaria.
Sin duda, el proyecto no ha dejado indiferente a la comunidad educativa, sindicatos y partidos de la oposición, que han mostrado una gran preocupación por las consecuencias que pueda tener esta nueva ley. Afirman que no servirá para combatir el fracaso, sino para crear más segregación y poner en peligro el modelo de escuela inclusiva.
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